jueves, octubre 19, 2006

ARDE LA CIUDAD

Nunca creí que tan poca distancia pudiese marcar estilos de vida tan diferentes entre la ciudad y un pueblo chico, “mi pueblo”. Estoy hablando de las grandes ciudades, los grandes conglomerados humanos, que son las ciudades de cualquier ciudad del mundo que tiene pautas de vida distintas a los pueblos. No es que sea ni mejor ni peor, simplemente es distinta.
Hoy dando vueltas por el centro de esta ciudad escuche sin querer la conversación de dos señores y uno contaba “ayer un tipo le dijo al otro…”, y en un segundo contó una historia que nosotros “ los de pueblo” tardaríamos horas en contar porque somos de narración extendida y es porque tenemos tiempo para contarla a diferencia de la ciudad donde todo el mundo corre con horarios diferentes y por razones diferentes y aquí ya está marcada la pauta de vida de la ciudad. Ya le dijo un tipo. No le puso nombre, ni le dijo como era ni de donde venia ni que rostro tenia y para donde iba, era un tipo. Así es la ciudad. Uno se puede atropellar con 1.000 o 2.000 personas todos los dias, cruzarse en un supermercado, en la parada de colectivos pero no saben quienes son.
En el pueblo hay tiempo para describir personas a decir que ese tipo se llama tal vez Don Abelardo, que vive del otro lado de la vía, de contar como es, como vive y hasta que lleva puesto.
Te pido perdón querido amigo lector por esto que estas leyendo pero lo que quería que vieras la gran diferencia en las pautas de vida del pueblo y la ciudad. De pronto en una cuidad, en un solo edificio de departamento de propiedad horizontal viva mas gente que en un pueblo chico, pero difícilmente se conozcan tan íntimamente como en un pueblo chico por mas desparramado que sea el pueblo. Lo que quería demostrar que en un pueblo hay tiempo para saber que Don Abelardo se llama Don Abelardo y que vive del otro lado de la vía.
En la ciudad hay Cines, Teatros, Recitales, Aviones, shoppings, Spa, Countrys privados y demás. En un pueblo no hay nada. No hay asaltos, ni edificios, no hay aeropuertos ni paros en la terminal, nadie usa Christian Dior y tampoco comen Grido, nadie sabe de paros de transporte ni manifestaciones y nunca se hablo de secuestro virtual.
Hay cosas que en un pueblo no se pueden encontrar, pero prefiero resignar los lujos ciudadanos y tener, al menos, un poco de paz y tranquilidad.

martes, octubre 10, 2006

FELIZ DIA MAMÁ

Y sí, un día sin darme cuenta estabas ahí, siempre con la paciencia que te regala el simple hecho de ser mamá. Fuiste la supo buscar la solución en la maizena para que la bombacha de goma no nos volviese a paspar. Fuiste la que adivinó cual era la hora precisa que queríamos comer sin importarte las ojeras que según vos eran producto del amor, supiste cuando y donde enseñarnos a caminar, a comer y a decir la primer palabra mágica; Mamá.
Fuiste la que lloraste al dejarnos en la escuela con el primer guardapolvos de almidón, e inventaste que si comíamos verdura se nos pondrían los ojos verdes, imaginación nunca les faltaba no?. Es a la que primera llamamos para contarle algo y preguntarle todo y ella está, siempre está.
Hay veces en que grita, pero como no va a gritar si es la única que lleva todo el peso de la casa y es la que espera despierta a que lleguemos de viaje o regresemos de bailar.
Es la única capaz de todo sin miedo a nada y es la única que entrega todo sin pedir nada a cambio. Tienen tantos nombres” vieja, gorda, bruja, hartante,” pero hoy queremos llamarla por su nombre original. Hoy, como todos los días del año, es tu día.
FELIZ DIA MAMÁ

martes, octubre 03, 2006

EL CUENTO DEL TÍO

Casi todos los días, diferentes personas, de edades diferentes, de razas diferentes, de sexos diferentes, con necesidades diferentes, pero con motivos similares, golpean a mi puerta.
¿El motivo? Pedir comida, monedas, ropa, cosas en desuso, algo.
Juro que sorprende conocer cuales son las necesidades de la gente y las estrategias que inventan para conseguir aquello que vos tenés y que ellos necesitan. Ayer, golpeó a mi puerta una joven de no más de 17 años con un bebé envuelto en una sabana con algunos vestigios de color blanco. Pero esta vez era diferente a los demás. En sus manos traía un papel maltrecho, mugriento y arrugado, escrito a mano, donde decía textualmente “señor, no puedo ni oír ni hablar y necesito de su ayuda para poder comer. Y recuerde que la ayuda que usted me da, dios se lo triplicará”.
Algo me conmovió, no se si fue el bebé, la madre, su discapacidad, no se qué pero la hice pasar. Puse en una bolsa de supermercado algunas cosas que a un estudiante nunca le sobran pero que seguro que a ella le serian de mayor utilidad que a mi.
Cuando iba hacia la cocina a entregarle las cosas mínimas que había podido juntar, algo me dejó estupefacto y empecé a maldecir y a insultar. Un simple llamado telefónico echó a perder todo su plan dejó al descubierto su maldita mentira cuando se me acerca y me dice “señor apúrese, le suena el celular